
¿QUÉ QUEREMOS?
Este año ha estado caracterizado por las continuas reivindicaciones sociales de amplios sectores de la población que se han ido levantando contra muchas de las políticas que sustentan el modelo económico imperante. Prueba de ello ha sido la constante pelea que han dado los trabajadores salmoneros, los trabajadores del subcontrato, los funcionarios de la salud, entre otros. La lucha de ellos ha develado las profundas contradicciones sociales existentes en Chile y que se expresan particularmente en la desigualdad en la distribución del ingreso; en la desmedida alza de precios; en los bajos sueldos y los abusos laborales; en la negación de los derechos más esenciales y en la promulgación de leyes mercantiles y privatizadoras.
En este marco general, es que todos los actores de la educación junto a otros sectores sociales enfrentamos la tramitación parlamentaria de la Ley General de Educación (LGE), puesto que consideramos que consagraba y mantenía en el tiempo un sistema educativo basado en el desamparo del Estado y en el predominio de los intereses de acumulación de las grandes empresas privadas. Esta ley si bien no norma sobre la educación superior, es el primer paso para la introducción de nuevas relaciones de mercado en la educación que apuntan a regenerar un modelo educativo agotado y en profunda crisis producto de una profundización progresiva de las políticas neoliberales.
Esta crisis que padece la educación pública se manifiesta en todos lo niveles, haciéndose patente en el Sistema Nacional Universitario que de manera latente demuestra sus falencias en materia de financiamiento, de organización y de sentido. Esto se expresa, respectivamente, en el endeudamiento de un número importante de casas de estudios y en la negación del acceso a la educación superior a los sectores de menores ingresos; en que la actual estructura orgánica que rige a las universidades no representa los intereses de toda la comunidad universitaria; y en que la generación de conocimiento, principal deber de la universidad, carece de una planificación que contemple el desarrollo del país y de su gente.
La Universidad de Valparaíso es uno de los ejemplos más emblemáticos de esta crisis y donde, en lo particular, el déficit financiero y el endeudamiento con la banca, tienen a nuestra Universidad sumergida en una crisis financiera desatada. Esta situación conjuga un contexto problemático que compromete el devenir de la Universidad y que se enmarca dentro de un ordenamiento jurídico-institucional imperante que no permite la fiscalización y aporte de alternativas de desarrollo institucional por parte de la comunidad universitaria en su conjunto.
En este contexto la respuesta de los estudiantes, como lo ha venido planteando un sector importante de la izquierda desde hace años, debe ser la necesidad de avanzar en la defensa de la educación pública y evitar la privatización de la U; de generar una verdadera democratización universitaria transformando la estructura orgánica de la universidad; y establecer un cambio en el sentido de la universidad, una Reforma Universitaria.
Para posibilitar la concretización de estos planteamientos debemos contar con una organización estudiantil fuerte, cohesionada y con capacidad de generar propuestas.
Los avances logrados durante el año 2007 se han ido estancando debido principalmente a la incapacidad de dar conducción y a la falta de claridad política de la actual mesa de federación. Como extensión de esto, se ha carecido de una política adecuada para el periodo y se ha expuesto al movimiento estudiantil a la aventura, el espontanismo y a un accionar carente de sentido. Por esto, que uno de nuestros desafíos principales debe ser ir en el rescate de la organización estudiantil del descalabro al que se le ha conducido producto del accionar irresponsable y sectario de sectores que han hipotecado las conquistas más profundas del movimiento estudiantil.
La FEUV que necesitamos para avanzar contra la crisis financiera, por la democratización de la universidad y por la reforma universitaria, debe tener la capacidad de dar conducción en la táctica e implementar las definiciones que asumen los estudiantes; debe representar a todos los estudiantes sin importar el sector que representa, debe involucrar a todas las carreras en los distintos debates nacionales, regionales y locales; y debe ampliar su influencia a todos los actores que confluyen en la universidad.
El programa a federación que ahora presentamos, contiene los objetivos tácticos y estratégicos que encontramos esenciales para el actual periodo. A su vez, están las personas que consideramos más idóneas para defender estos objetivos, representar a los estudiantes y sacar a la federación del abismo en que se encuentra.
En este marco general, es que todos los actores de la educación junto a otros sectores sociales enfrentamos la tramitación parlamentaria de la Ley General de Educación (LGE), puesto que consideramos que consagraba y mantenía en el tiempo un sistema educativo basado en el desamparo del Estado y en el predominio de los intereses de acumulación de las grandes empresas privadas. Esta ley si bien no norma sobre la educación superior, es el primer paso para la introducción de nuevas relaciones de mercado en la educación que apuntan a regenerar un modelo educativo agotado y en profunda crisis producto de una profundización progresiva de las políticas neoliberales.
Esta crisis que padece la educación pública se manifiesta en todos lo niveles, haciéndose patente en el Sistema Nacional Universitario que de manera latente demuestra sus falencias en materia de financiamiento, de organización y de sentido. Esto se expresa, respectivamente, en el endeudamiento de un número importante de casas de estudios y en la negación del acceso a la educación superior a los sectores de menores ingresos; en que la actual estructura orgánica que rige a las universidades no representa los intereses de toda la comunidad universitaria; y en que la generación de conocimiento, principal deber de la universidad, carece de una planificación que contemple el desarrollo del país y de su gente.
La Universidad de Valparaíso es uno de los ejemplos más emblemáticos de esta crisis y donde, en lo particular, el déficit financiero y el endeudamiento con la banca, tienen a nuestra Universidad sumergida en una crisis financiera desatada. Esta situación conjuga un contexto problemático que compromete el devenir de la Universidad y que se enmarca dentro de un ordenamiento jurídico-institucional imperante que no permite la fiscalización y aporte de alternativas de desarrollo institucional por parte de la comunidad universitaria en su conjunto.
En este contexto la respuesta de los estudiantes, como lo ha venido planteando un sector importante de la izquierda desde hace años, debe ser la necesidad de avanzar en la defensa de la educación pública y evitar la privatización de la U; de generar una verdadera democratización universitaria transformando la estructura orgánica de la universidad; y establecer un cambio en el sentido de la universidad, una Reforma Universitaria.
Para posibilitar la concretización de estos planteamientos debemos contar con una organización estudiantil fuerte, cohesionada y con capacidad de generar propuestas.
Los avances logrados durante el año 2007 se han ido estancando debido principalmente a la incapacidad de dar conducción y a la falta de claridad política de la actual mesa de federación. Como extensión de esto, se ha carecido de una política adecuada para el periodo y se ha expuesto al movimiento estudiantil a la aventura, el espontanismo y a un accionar carente de sentido. Por esto, que uno de nuestros desafíos principales debe ser ir en el rescate de la organización estudiantil del descalabro al que se le ha conducido producto del accionar irresponsable y sectario de sectores que han hipotecado las conquistas más profundas del movimiento estudiantil.
La FEUV que necesitamos para avanzar contra la crisis financiera, por la democratización de la universidad y por la reforma universitaria, debe tener la capacidad de dar conducción en la táctica e implementar las definiciones que asumen los estudiantes; debe representar a todos los estudiantes sin importar el sector que representa, debe involucrar a todas las carreras en los distintos debates nacionales, regionales y locales; y debe ampliar su influencia a todos los actores que confluyen en la universidad.
El programa a federación que ahora presentamos, contiene los objetivos tácticos y estratégicos que encontramos esenciales para el actual periodo. A su vez, están las personas que consideramos más idóneas para defender estos objetivos, representar a los estudiantes y sacar a la federación del abismo en que se encuentra.
LISTA A
Nueva Mayoría, Nueva Federación
Nueva Mayoría, Nueva Federación


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